Ricardo BAUZÁ “Aquel instante duró toda una eternidad” Abril de 2005

Estaba a bordo del “VIEYRASA 11”, un barco congelador de unos 60 mts. de eslora. El capitán de pesca era un español de lo más ocurrente. Tenía como costumbre colgar en el puente las tanguitas de las “chicas del puerto” que indefectiblemente  esperaban a nuestras tripulaciones cuando tocábamos uno de ellos después de largas jornadas de solitaria pesca en los fríos mares australes.

“Es para que traigan la buena suerte” decía… Y ciertamente levantaban el ánimo y a alguno alguna cosa más.

Un día decidió  probar suerte pescando merluza negra, un ejemplar muy apreciado en el mercado y que se pesca a unos 1000 mts. de profundidad, lo  cual obligaba a usar casi todo el cable de arrastre. No es una pesca fácil, además esa especie se pesca con palangre (línea de anzuelos), pero se intentó de todos modos. Si el resultado era bueno podría ser un buen día de pesca para todos y las economías de los pescadores lo agradecerían.

Era un típico día en la Patagonia (o Puta-agonía como nosotros decimos), es decir, vientos de intensidad 5 a 6, nublado, frío, húmedo. Nada estimulante para el espíritu o la mente. Un día más, un día duro, un día más para un trabajo duro.

El capitán ordena virar el aparejo, 5000 mts.de cable de arrastre aproximadamente, cargado y que hay que subir a bordo, trabajo duro en una climatología dura y en no las mejores condiciones del mundo.

Se inicia la tarea cuando de repente el viento comienza a rotar, dejando al buque en mala posición. La corriente nos viene  por un lado, las olas por otro, y el barco, que lleva su propio rumbo ajeno a los repentinos cambios climatológicos y que en ese momento estaba  levantando un peso considerable,  empieza a escorar lenta, firme  y pronunciadamente…

Ricardo-Bauzá-autor-del-relato

Ricardo Bauzá autor del relato

Recuerdo que en ese momento estaba yo en el puente, en la cubierta más alta, cuando comenzó una escora realmente importante. Instintivamente, no dio tiempo a pensar más,  nos agarramos a donde y a lo que pudimos, buscando con la mirada desesperada la situación del salvavidas más cercano, viendo como una de las bordas se sumergía en el agua!!.

Cagaste pensé, ya me veía en medio del desastre, iba a ser un número más en una fría estadística de barcos y trabajadores del mar muertos en el hundimiento de su barco, de su trabajo, por su medio de vida.

Aquel instante duró toda una eternidad, el tiempo se ralentizó, las secuencias pasaron a cámara lenta, aún hoy lo recuerdo y me pregunto cómo unos segundos pueden durar tanto tiempo.

Lentamente, muy lentamente o eso me parecía a mí, el barco se va recobrando, va rolando hacia la otra banda… Pero parece que ya no se mueve tanto, y que va recuperando  la verticalidad.

Pálido y  tembloroso, dejo el puente sin siquiera mirar al capitán. Voy al comedor de oficiales. Pronto llegaron el jefe y el primero de máquinas, el inspector de pesca, el oficial de cubierta, parecía como si alguien nos hubiera convocado en el mismo sitio a todos. Nos miramos, no hacían falta palabras para expresar la situación, el susto fue parejo para todos. Alguna sonrisa forzada, algún pequeño y tímido comentario en un tenue hilo de voz, no sabíamos más que decir, el empacho de emociones nos atascaban las palabras en la garganta no dejándolas salir.

El jefe de máquinas, un mendocino de mucho pelo y barba llamado Enrique, se levantó decidido, silencioso. Salió sin decir palabra, apareciendo al momento con una botella de un tinto “Santa Júlia”, diría que era un Cabernet, y otra vez sin decir nada ni preguntar a nadie nada nos sirvió un trago de vino a todos.

No había más, era un simple gesto amistoso, de compartimiento, de hermandad pero ese gesto, ese  trago, nos reconfortó de una manera notable. Nos volvieron los huidos colores a la cara, nos relajó. Al rato ya estábamos bromeando sobre como habrían quedado nuestros pantalones  y sobre todo lo que y el que se nos ponía a tiro para bromear.

Cada vez que hago un brindis, no puedo evitar el rememorar involuntariamente aquel “brindis” tan particular.

Vídeos

Podéis ver algunos vídeos relacionados con la narración  (sin pertenecer a ella)  en:

Ricardo BAUZÁ
Observador de pesca 15 años. Argentino.

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Viaje a Piriápolis, Uruguay

Debido a una serie de problemas de índole personal-familiar, opté a primeros de noviembre anular el viaje que tenía previsto para ir desde Mar de Plata hasta La Antártida. En estos problemas no me voy a extender por considerar que son exclusivamente de mi ámbito personal.

contenedores afectados por temporal

Con la anulación del viaje se me creó un “problema colateral” y es que el tiempo administrativo para tener el barco en Argentina se me acababa. Las autoridades permiten que tengas el barco un máximo de 8 meses, en mi caso alegamos y demostramos que el barco tenía una avería que le impedía salir del país y me lo alargaron hasta el día 1 de enero del 2011. Yendo a la Antártida y parando en Puerto Williams (Chile) quedaba resuelto el problema otros 8 meses, pero al anular los planes tuve que plantearme el salir del país y la mejor opción me pareció que fue ir a Piriápolis, en Uruguay y este es el relato de los hechos.
Viernes día 3

Viernes día 3 de diciembre, salgo, o más bien intento salir de Barcelona en dirección a Mar del Plata, pero una huelga salvaje de los controladores aéreos me hace retrasar un día la salida, después de 4 horas de espera en el interior del avión. El eterno problema de los controladores que tenemos cada año desde hace muchísimos y que los dos partidos que se van rotando en el poder no son capaces de solucionar.

Domingo día 5

Cuando llego allí, el domingo día 5 me informan que el viento es del norte y no es el más adecuado para salir en dirección a Piriápolis, por lo que decido posponer la salida hasta el martes día 7, que es cuando según las previsiones soplará un viento del sur, fuerte por cierto, pero del sur y que nos hará llegar mas rápidamente. Aprovecho estos dos días para repasar el barco, (que ya estaba bastante a son de mar dado que debería haber salido hacía un mes) notificar a prefectura la salida del país, ir a inmigraciones, sanidad, etc. todo este tramite burocrático que cuando vas en un velero debes hacer. Aunque parezca engorroso, el que acabe siendo o no un trámite engorroso, dependerá del funcionario que os encontréis y en Argentina, hasta ahora, he tenido suerte, pues en una mañana siempre he podido atender las cuatro oficinas, a saber: Sanidad, inmigración, hacienda, prefectura. En Brasil el mismo tramite me costó 3 días, allí las oficinas estaban más distanciadas, el idioma también era un problema y algún encuentro desafortunado con algún funcionario/a algo “pasota” también pesó en la velocidad de resolución de la entrada.
La radio VHF no funciona, en este viaje las radios han sido un problema, desde el mes de agosto que no funcionaba, por un mal entendido no se ha reparado y estoy a punto de salir. La persona que se la ha llevado no ha conseguido repararla, me trae una marina por si me hiciera falta, por suerte no hace falta, pues en la última revisión me quedé la que dejó de estar homologada en aquel momento por si en el futuro tenía una emergencia, y, efectivamente, este era el momento de la emergencia, salir sin radio siempre puede volvérsete en contra, así que coloqué la antigua radio, que funcionaba perfectamente, y con ella salimos. Casi todo el equipamiento lo tengo duplicado “DOS DE TODO”, es una buena garantía de no quedarte colgado.

Domingo noche, cenó en el barco de Rodolfo y Clara, en el “BASTARDO”, allí conozco a las hermanas Jacqueline y Christian Darde, francesas y su barco el “MARIS STELLA”, de aluminio y con el que llevan navegando treinta años, estando completando en este momento su cuarta vuelta al mundo. Algunas de las caletas del sur de Chile tienen su nombre, esto os dará una idea de su capacidad como cruceristas.

Lunes día 6

Lunes noche también ceno en el barco con Rodolfo y Clara, como despedida, en este caso hago yo la cena. Había pensado hacer una tortilla de patatas y así lo compre en el mercado, el problema fue que en Argentina a las patatas se les dice “papas” y si pides “patatas” te sirvan una especie de boniato…total que la tortilla fue de boniato… pero se podía comer que conste.

Tortilla, carne rebozada, ensalada de rábanos, vinito y charlita agradable y cálida.
Cenar con Rodolfo y Clara es siempre un placer, al final acabamos Rodolfo y yo con una mano a mano con estupendos vinos argentinos, liquidando alguna botella y con una siempre interesante y amena charla sobre cualquier tema, político, social o marinero. Me temo que echaré de menos durante tiempo estas agradables veladas.

Martes día 7
Finalmente el martes a las 14 h. de mar del Plata salimos en dirección a Piriapolis (Uruguay), el viento es de ceñida en un principio, coloco las velas, las voy trimando, el viento está rolón. Cogemos (perdón, en Argentina no se dice “coger” se dice “agarrar”) “agarramos “una velocidad aceptable de cinco nudos. Me acompañan Julio Cesar, que es el amigo que ha estado cuidando este tiempo el barco , haciendo las labores de mecánico, con la particularidad de que es la primera vez que se monta en un barco, hace falta valor para estrenarse en navegación subiéndose en el “TURBULENTO” y hacer 230 millas y Richard que es el amigo de Julio Cesar y ahora también mío y que es una persona bragada en la navegación, lleva catorce años trabajando como observador de pesca en los duros mares del sur con embarques de larga duración y en pesqueros que no siempre reúnen las debidas condiciones, sus anécdotas e historias son múltiples, a ver si se anima a compartirlas…

A 6 millas de la costa nuestra profundidad era de 10 mts., el viento real por popa de unos 46 Knts. , mi anemómetro marcaba 37 knts. de viento por la popa y el “TURBI” iba a 9 Knts. Con las olas altas me daba la sensación de que en un momento u otro iba a ver el suelo y me iba a quedar encallado, como para llamarte Moisés y que se te escape la bromita aquella de “abrir las aguas”, con tan poca profundidad… leche segura.

La verdad es que esta mar más dura parece que transmita vitalidad, más ganas de vivir, a mi me vuelve más activo, a veces pienso si no es la parte oscura que todos llevamos que nos exige esta acción como modo de despertarnos más al regalo de la vida y a la lucha por ella.

Huy, que serio me ha quedado esto…Sorry.

Hago las casi 42 horas de viaje despierto, de guardia, pues en el tema de la vela no tienen experiencia y estamos en pleno temporal, el barco recibe varios golpes de través que desconfiguran las velas y hay que estar allí para resituarlas, la noche es como siempre oscura y conflictiva. El segundo día Richard hace un par de guardias, por lo que aprovecho para dormir un poco. Julio Cesar está “p’al arrastre” cuarenta horas seguidas vomitando y estirado en la cama, con el barco dando bandazos con los “verymuchos” Knts. de viento real que nos entran por la popa y la aleta, viento que, por otra parte, nos va de maravilla, (incomodidad aparte) pues nos lleva en 40 horas a Piriapolis que está a 230 millas de Mar del Plata y es donde está previsto dejar el barco. Julio tiene una sorprendente capacidad de adaptación, nada más levantarse de la cama ya empieza a bromear y a reírse, nadie diría que se ha tirado un montón de horas mareado. Que no te engañe el mareo de Julio, es un tipo duro, capaz de hacerse el desierto de Atacama en moto y sin agua (con agua lo hace todo el mundo, je). De todos modos decidimos rehidratarnos todos con abundante cerveza, por si acaso… profilaxis médica que nunca se sabe.

Llegada a Piriápolis

Llegada a Piriápolis

Iniciamos los trámites de entrada al país, vamos a prefectura. Nos piden: el rol, la documentación del barco, el seguro, la titulación del patrón, lo entrego y me piden fotocopias, pregunto si allí hacen fotocopias (es obvio que normalmente no vas tú con la fotocopiadora encima) indicándonos que no, que a catorce cuadras hay una casa de fotocopias…catorce cuadras, mil cuatrocientos metros aproximadamente, no es demasiado lejos, aquí las distancias dentro de la ciudad son cortas y allí nos dirigimos. Fotocopias hechas, vuelta, otros mil cuatrocientos metros, acabamos los trámites…o eso creemos, pido una autorización para dejar el barco en seco, entonces me indican que es otro departamento, el cual me solicita los mismos papeles y los mismos le doy, me piden fotocopia del pasaporte….14 cuadras mas de ida y 14 cuadras mas de vuelta con la fotocopia del pasaporte… Al llegar me indica que también necesita las mismas fotocopias que he hecho al principio de los documentos presentados y que inicialmente me había dicho que no hacía falta fotocopiar!! Catorce cuadras más arriba y catorce cuadras más abajo…la dependienta se ríe cuando nos ve por tercera vez…Sigue faltando otra fotocopia de otro papel para desespero nuestro, otras catorce cuadras más arriba y catorce más abajo…Odio las cuadras y los caballos!! Finalmente logramos entregar todo, las fotocopias se han traducido en 4 viajes de 2800 mts. entre la ida y la vuelta o sea 12,3 kmts. para unas fotocopias, snif.

Buscamos un hotel para dormir, pues en varadero no te autorizan a estar en el barco si está fuera del agua. Encontramos el “Hotel del Virrey”, sitio discreto, en el centro de la población, de buen precio y con servicio de WI-FI en las habitaciones, se está bien allí dentro, espero volver a él a primeros de julio.

Salimos a conocer la ciudad, encontramos un sitio interesante, un billar (pool) con una bonita selección de botellas de alcohol, con unas preciosas etiquetas de marcas conocidas pero casi todas adulteradas…marca “Garrafo’s”. Tras 4 partidas de billar, 3 cervezas, varios jhonys y Fernet Branca con cola y dos cigarrillos de esos de aroma dulzón aparecen panteras en la noche, con su pelo negro intenso, ojos rasgados, mirada felina y sus muy blancos colmillos para acompañarnos a seguir la noche con mas cerveza, mas jhonys, mas fernet branca y más de esos cigarrillos dulzones…o quizás lo soñamos….no me acuerdo.

El barco se ha quedado en Piriápolis, allí bajaré a primeros de julio para retornarlo a su casa que es donde debe estar, en Premiá de Mar, su casa. Será un viaje directo por el centro del Atlántico, sin costear, 6000 millas 70 días, ya os explicaré como ha ido si soy capaz de volver sin balbucear acostumbrado a hablar sólo con los palos y conmigo mismo, lo cual es peor, pues ya me conozco todos mis chistes, espero no repetírmelos mucho.

Esta página será cambiada de cabezal, pues el objetivo del viaje, aunque no se ha cumplido, se ha acabado, por lo menos de momento. La nueva página, con la misma dirección de internet, tratará de ser una página personal que recoja anécdotas vividas en las navegaciones e historias marineras, además de mías, de quien las quiera mandar, nada serio, por favor, sólo para reír un poquito más, “pa” serio ya está lo que nos rodea.

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Últimas noches en la Argentina

Debido a una serie de problemas de índole personal-familiar, opté a primeros de noviembre aplazar el viaje que tenía previsto para ir desde Mar de Plata hasta La Antártida.
En estos problemas no me voy a extender por considerar que son exclusivamente de mi ámbito personal.

Con la anulación del viaje se me creó un “problema colateral” y es que el tiempo administrativo para tener el barco en Argentina se me acababa. Las autoridades permiten que tengas el barco un máximo de 8 meses. En mi caso alegamos y demostramos que el barco tenía una avería que le impedía salir del país y me lo alargaron hasta el día 1 de enero del 2011. Yendo a la Antártida y parando en Puerto Williams (Chile) quedaba resuelto el problema otros 8 meses, pero al anular los planes tuve que plantearme el salir del país y la mejor opción me pareció que fue ir a Piriápolis, en Uruguay y este es el relato de los hechos.

Viernes día 3 de diciembre

Salgo, o más bien intento salir de Barcelona en dirección a Mar del Plata, pero una huelga salvaje de los controladores aéreos me hace retrasar un día la salida, después de 4 horas de espera en el interior del avión. El eterno problema de los controladores que tenemos cada año desde hace muchísimos y que los dos partidos que se van rotando en el poder no son capaces de solucionar.

Domingo día 5

Cuando llego allí, el domingo día 5 me informan que el viento es del norte y no es el más adecuado para salir en dirección a Piriápolis, por lo que decido posponer la salida hasta el martes día 7, que es cuando según las previsiones soplará un viento del sur, fuerte por cierto, pero del sur y que nos hará llegar mas rápidamente. Aprovecho estos dos días para repasar el barco, (que ya estaba bastante a son de mar dado que debería haber salido hacía un mes) notificar a prefectura la salida del país, ir a inmigraciones, sanidad, etc. Todo este tramite burocrático que cuando vas en un velero debes hacer. Aunque parezca engorroso, el que acabe siendo o no un trámite engorroso, dependerá del funcionario que os encontréis y en Argentina, hasta ahora, he tenido suerte, pues en una mañana siempre he podido atender las cuatro oficinas. A saber: Sanidad, inmigración, hacienda, prefectura. En Brasil el mismo tramite me costó 3 días. Allí las oficinas estaban más distanciadas, el idioma también era un problema y algún encuentro desafortunado con algún funcionario/a algo “pasota” también pesó en la velocidad de resolución de la entrada.

La radio VHF no funciona, en este viaje las radios han sido un problema, desde el mes de agosto que no funcionaba. Por un mal entendido no se ha reparado y estoy a punto de salir. La persona que se la ha llevado no ha conseguido repararla. Me trae una marina por si me hiciera falta, por suerte no hace falta, pues en la última revisión me quedé la que dejó de estar homologada en aquel momento por si en el futuro tenía una emergencia, y efectivamente, este era el momento de la emergencia. Salir sin radio siempre puede volvérsete en contra, así que coloqué la antigua radio, que funcionaba perfectamente, y con ella salimos. Casi todo el equipamiento lo tengo duplicado “DOS DE TODO”. Es una buena garantía de no quedarte colgado.

Domingo noche. Cenó en el barco de Rodolfo y Clara, en el “BASTARDO”, allí conozco a las hermanas Jacqueline y Christian Darde, francesas y su barco el “MARIS STELLA”, de aluminio y con el que llevan navegando treinta años, estando completando en este momento su cuarta vuelta al mundo. Algunas de las caletas del sur de Chile tienen su nombre, esto os dará una idea de su capacidad como cruceristas.

Lunes noche

También ceno en el barco con Rodolfo y Clara, como despedida, en este caso hago yo la cena. Había pensado hacer una tortilla de patatas y así lo compre en el mercado, el problema fue que en Argentina a las patatas se les dice “papas” y si pides “patatas” te sirvan una especie de boniato… Total que la tortilla fue de boniato… Pero se podía comer que conste.

Tortilla, carne rebozada, ensalada de rábanos, vinito y charlita agradable y cálida.
Cenar con Rodolfo y Clara es siempre un placer, al final acabamos Rodolfo y yo con un mano a mano con estupendos vinos argentinos, liquidando alguna botella y con una siempre interesante y amena charla sobre cualquier tema, político, social o marinero. Me temo que echaré de menos durante tiempo estas agradables veladas.

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