En el país del asado y la cerveza Quilmes

Penúltima revisión antes de partir

Miércoles, día 4 de agosto, 17h local

Tras 36 horas de desplazamientos en avión, con enlace en París, bajando en Buenos Aires y con autocar directo a Mar del Plata, me hallo de nuevo en el Yacht Club. El barco “patas arriba” como marcan los cánones en estos casos y una larga lista de cosas para comprobar y poner en orden antes de volver a España como último viaje previo a la navegación que me espera en noviembre.

Mi amigo Rodolfo Mena ha comprado un calefactor para que pueda pasar cómodamente la noche. Vengo de Barcelona, un lugar donde me costaba dormir por el calor y llego a Mar del Plata, un lugar donde me cuesta dormir por el frío. Hace pocos días hubo una ola de frío polar en esta parte del continente y se nota aún los restos (aquí es invierno).

Jueves, 5 de agosto

Inicio los trabajos de puesta a punto del barco. Coloco el stay de la mesana nuevo, saco las velas de su almacenaje y las pongo en los correspondientes palos. Conozco a Julio César, el mecánico que se está encargando del barco y a Jorge, un vecino de Rodolfo Mena que me está ayudando mucho con el proceso de arreglo. Por la noche me invitan a un asado, el primero de una larga lista de ellos.

Viernes, 6 de agosto

Logramos arrancar el motor a la primera, después de haberle colocado tres prefiltros y un filtro y llenando el depósito de día directamente desde un bidón. Logramos llegar a las 3800 r.v. Lo celebramos con un asado claro….

Sábado-Domingo

Vamos a Bahía Blanca ( a 500 kmts. aprox.) y visitamos a Miguel Urbieta, el radio-aficionado que tanto nos ha ayudado con sus contactos radiofónicos. No sólo a nosotros, sino a mucha más gente a la que ayuda en la navegación en todo el mundo. Nos enseña la base naval de bahía Blanca, lugar donde trabaja. Es la base naval más grande de Sudamérica, impresionante sus instalaciones. Habíamos hablado muchas veces por radio, pero hasta hoy no nos hemos conocido personalmente. Para celebrarlo comemos… un asado. Estupenda compañía y agradable jornada.

Lunes, 9 de agosto

Compra de materiales de recambio. Arreglo a son de mar de parte del barco, tirando las cosas inservibles y reorganizando todo. El trabajo se empieza a ver. ¿Cómo lo celebramos…? ¡Con otro asado por supuesto! Vamos a un lugar en un barrio, cerca de una villa, donde según Jorge para ganar tiempo es mejor ir ya “apuñalado dos veces”… ja ja divertida expresión que aún ahora me hace reír.

Martes, 10 de agosto

Sigo con las reparaciones. Comida al mediodía en el magnífico restaurante del Centro naval. Asado.

Miércoles, 11 de agosto

La radio nueva aún no funciona. Se la llevan para hacer arreglos. Pido permiso a Prefectura para salir a hacer pruebas de motor con el barco. Previamente encendemos todos los mecanismos y maquinaria en el pantalán y compruebo el funcionamiento de la rueda. Es hidráulica y necesita un total de 14 vueltas para poder hacer todo el recorrido. La pruebo: una, dos, tres… siete, ocho… doce… quince, veintiséis vueltas… Sí, efectivamente, no funciona.

Abro el depósito de líquido hidráulico, le faltaba un poco de aceite. Lo lleno, giro la rueda varias veces y si, por fin, parece que empieza a girar el timón. Motor encendido, piloto funcionando, anemómetro marcando, GPS, radio, todo a punto. Vamos en el barco Rodolfo Mena, Julio César y Jorge, además de mí, vamos cuatro, o eso creemos. Salimos por la bocana del Puerto de Mar del Plata. Hace varios meses que no navegaba en mi barco y es un placer, aunque con un poco de tensión porque no deja de ser una comprobación del funcionamiento. Ponemos las velas, la mayor y la génova, hay una suave brisa del norte que aprovechamos, primero para ceñir y luego para volver a puerto. A 500 mts. de la bocana, a la vuelta, encendemos el motor y quitamos las velas, entramos suavemente por la bocana, a estribor está el muelle comercial y el de la armada, a babor el espigón y algunos pesqueros.

Nos acercamos al puerto deportivo, la entrada a esta zona del puerto tiene una pequeña bocana de 10 mts. de ancho, coronada en la parte superior con un puente para paso de personas de un lado al otro. Este puente se abre y cierra dirigido por un encargado durante el día, cada vez que entra o sale una embarcación. El encargado nos ve, abre el puente, nos dirigimos hacia él cuando de repente aparece un quinto tripulante, Mr. Murphy, sonriendo socarrón, agazapado y esperando el peor momento para aparecer, como siempre… ¡La rueda deja de funcionar! El barco en lugar de dirigirse al puente se dirige directo al rompeolas sin control, empiezo a girar la rueda a todos los lados, cinco, diez, quince, veinte vueltas, a un lado y a otro… Cuando estamos a veinte metros de las rocas, bicheros y cabos en mano, estilo abordaje pirata, ¡la rueda empieza a funcionar! Respiro y alivio general, doy marcha atrás y me re-sitúo en una nueva dirección para entrar. Supongo que había una burbuja de aire en el circuito hidráulico en el que acabábamos de poner el aceite y hasta que se purgó esta burbuja de aire… ¡a sufrir!

Marcando estilo. Estilo “TURBULENTO”.

Jueves, 12 de agosto

Julio logra arrancar el generador que no logramos hacer funcionar nunca. Lo limpia, arregla y pone a punto. Repite la operación con el fueraborda que deja en perfecto estado. Julio es un mecánico excepcional, amante de las motos y miembro de un club de motards. Las repara y colecciona. Su profesión real es sonidista, controla el sonido en multitud de locales, lo que no quita que sea además un genio de la mecánica. Su coche es genial, de lo más excepcional que he visto en los últimos tiempos. Lo ves y no te crees que pueda funcionar. El depósito de combustible es un bidón blanco que tiene en el interior, entre los asientos del conductor y el acompañante. Allí llegan los conductos de la ida y retorno del diésel, el arranque… Nada… se juntan dos cablecitos, saltan unas chispas y el coche arranca… La carrocería, puertas, etcétera ya ni lo describo. Parece recién traído de un atentado del Mossad israelí a un dirigente palestino. Esa noche, después del estupendo asado que hicimos en el Quilche número 8 del centro naval salimos a tomar una copa él y yo por Mar del Plata con su coche. Salida genial. Visita a dos locales, uno de ellos con mucho estilo propio, pequeñito, oscuro, con un grupo de rock en directo y un ambiente estupendo. Luego visitamos un segundo local para tomar la última copa, más estandarizado y tranquilo.

La mañana ya fue otra cosa, en un principio achaqué el dolor de cabeza al diésel de la calefacción, pero al recordar la noche anterior y recordar el asado, con sus vinos y las tres cervezas posteriores (aquí las cervezas son de litro cada una) dejé de echarle la culpa al diésel.

El resto de la semana ya fue acabar de ordenar cosas, organizar preparativos para el viaje y seguir comiendo unos estupendos asados. Creo que se me ha creado una adicción al asado bastante seria. He puesto una foto de un asado en la cartera junto a la de mis hijos…

Falta organizar el tema de la radio, algunas conexiones al depósito, un timón de respeto nuevo y algunas pequeñas cosas que para el día 1 de noviembre cuando parta en solitario en dirección a la Antártida ya estarán perfectamente a son de mar.

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