Debido a una serie de problemas de índole personal-familiar, opté a primeros de noviembre aplazar el viaje que tenía previsto para ir desde Mar de Plata hasta La Antártida.
En estos problemas no me voy a extender por considerar que son exclusivamente de mi ámbito personal.
Con la anulación del viaje se me creó un “problema colateral” y es que el tiempo administrativo para tener el barco en Argentina se me acababa. Las autoridades permiten que tengas el barco un máximo de 8 meses. En mi caso alegamos y demostramos que el barco tenía una avería que le impedía salir del país y me lo alargaron hasta el día 1 de enero del 2011. Yendo a la Antártida y parando en Puerto Williams (Chile) quedaba resuelto el problema otros 8 meses, pero al anular los planes tuve que plantearme el salir del país y la mejor opción me pareció que fue ir a Piriápolis, en Uruguay y este es el relato de los hechos.
Viernes día 3 de diciembre
Salgo, o más bien intento salir de Barcelona en dirección a Mar del Plata, pero una huelga salvaje de los controladores aéreos me hace retrasar un día la salida, después de 4 horas de espera en el interior del avión. El eterno problema de los controladores que tenemos cada año desde hace muchísimos y que los dos partidos que se van rotando en el poder no son capaces de solucionar.
Domingo día 5
Cuando llego allí, el domingo día 5 me informan que el viento es del norte y no es el más adecuado para salir en dirección a Piriápolis, por lo que decido posponer la salida hasta el martes día 7, que es cuando según las previsiones soplará un viento del sur, fuerte por cierto, pero del sur y que nos hará llegar mas rápidamente. Aprovecho estos dos días para repasar el barco, (que ya estaba bastante a son de mar dado que debería haber salido hacía un mes) notificar a prefectura la salida del país, ir a inmigraciones, sanidad, etc. Todo este tramite burocrático que cuando vas en un velero debes hacer. Aunque parezca engorroso, el que acabe siendo o no un trámite engorroso, dependerá del funcionario que os encontréis y en Argentina, hasta ahora, he tenido suerte, pues en una mañana siempre he podido atender las cuatro oficinas. A saber: Sanidad, inmigración, hacienda, prefectura. En Brasil el mismo tramite me costó 3 días. Allí las oficinas estaban más distanciadas, el idioma también era un problema y algún encuentro desafortunado con algún funcionario/a algo “pasota” también pesó en la velocidad de resolución de la entrada.
La radio VHF no funciona, en este viaje las radios han sido un problema, desde el mes de agosto que no funcionaba. Por un mal entendido no se ha reparado y estoy a punto de salir. La persona que se la ha llevado no ha conseguido repararla. Me trae una marina por si me hiciera falta, por suerte no hace falta, pues en la última revisión me quedé la que dejó de estar homologada en aquel momento por si en el futuro tenía una emergencia, y efectivamente, este era el momento de la emergencia. Salir sin radio siempre puede volvérsete en contra, así que coloqué la antigua radio, que funcionaba perfectamente, y con ella salimos. Casi todo el equipamiento lo tengo duplicado “DOS DE TODO”. Es una buena garantía de no quedarte colgado.
Domingo noche. Cenó en el barco de Rodolfo y Clara, en el “BASTARDO”, allí conozco a las hermanas Jacqueline y Christian Darde, francesas y su barco el “MARIS STELLA”, de aluminio y con el que llevan navegando treinta años, estando completando en este momento su cuarta vuelta al mundo. Algunas de las caletas del sur de Chile tienen su nombre, esto os dará una idea de su capacidad como cruceristas.
Lunes noche
También ceno en el barco con Rodolfo y Clara, como despedida, en este caso hago yo la cena. Había pensado hacer una tortilla de patatas y así lo compre en el mercado, el problema fue que en Argentina a las patatas se les dice “papas” y si pides “patatas” te sirvan una especie de boniato… Total que la tortilla fue de boniato… Pero se podía comer que conste.
Tortilla, carne rebozada, ensalada de rábanos, vinito y charlita agradable y cálida.
Cenar con Rodolfo y Clara es siempre un placer, al final acabamos Rodolfo y yo con un mano a mano con estupendos vinos argentinos, liquidando alguna botella y con una siempre interesante y amena charla sobre cualquier tema, político, social o marinero. Me temo que echaré de menos durante tiempo estas agradables veladas.